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Parece que los comienzos del nuevo Gobierno del País Vasco no empieza con buen pié, y si, dirás que son solo formas, pero es que en un lugar como Euskadi, donde han faltado durante 30 años hasta las más mínimas formas de convivencia, libertad e igualdad, hacía falta empezar a demostrar que se puede vivir dentro de la normalidad.

Pero no, ha tenido que ser Gorka Maneiro, el único parlamentario de UPyD en el gobierno Vasco quien reclame que la bandera Española esté presente, dentro de la normalidad democrática, en los actos del nuevo gobierno. Y es que en el acto oficial de la toma de posesión de los nuevos consejeros vascos únicamente ondeó la Ikurriña, incumpliéndose de nuevo la legalidad vigente de que la bandera española deba estar presente en todos los actos oficiales, y más de este calado.
Y era especialmente importante la presencia de este signo de normalidad en ese acto, pues debía ser uno de los que marcara que es posible la normalidad política en Euskadi, o al menos el cumplimiento de la legalidad.
Parece que tanto el PSE en Euskadi, con este acto, como el PP en Galicia con su reciente nombramiento de un filólogo del PSdG como responsable de política lingüística, no terminan de entender la relevancia del cambio política que estaba en sus manos y, en vez de honrar la decisión de los ciudadanos que les han votado al final están haciendo política de partido, dejando de cumplir con su misión: servir a los ciudadanos.
Solo UPyD parece mantener el compromiso de ser un servicio a la sociedad, y no a sí mismos como hacen el resto de partidos.
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Esta país hay veces que no lo entiendo, ahora que en Euskadi parece que empiezan a respirarse tiempos de libertad y, sobre todo, normalidad política y democrática, los cachorros de la intolerancia arremeten en otra de las maravillosas tierras de España: Cataluña.
El Jueves pasado una pequeña representación (200 según las autoridades, 500 según ellos) de xenófobos anti-españoles, abanderados por formaciones políticas independentistas y excluyentes, autodenominados como Esquerra Independentista (Alerta Solidària, CAJEI, Endavant-Osan, Maulets, SEPC y CUP), marcharon por Barcelona con slogans de esta calaña:
- ¡En los Países Catalanes, en catalán!’
- ‘Bilingüismo es españolismo’
- ‘Independencia y socialismo’
- ‘Ni Francia, ni España, Países Catalanes’
No contentos con demostrar su falta de calidad democrática (e incultura dicho sea de paso) hicieron una parada frente a la sede de UPyD haciendo una parodia (falta de gracia) de lo que para estos indocumentados es el “españolismo”, y acusando a este partido tan pequeño – pero democrático – de “fascismo anticatalanista” y barbaridades semejantes.

No es la única muestra de esta tendencia perversa de ciertos grupúsculos que utilizan argumentos ya caducos, bien aprovechados en el pasado por los nazis en la Alemania de antes de la Segunda Guerra Mundial, de tratar de excluir a todo el que no pensara como ellos, de tratar de captar a ciertos sectores de la sociedad para aglutinar un sentimiento de rechazo a todo lo que les sea ajeno (en su ignorancia histórica) o distinto, en definitiva: racismo y xenofobia.
Lo malo de la situación de Cataluña, distinta de la de Euskadi, es que allí gobierna un partido que se llama Español, y no se entiende como se, incluso, alimentan estos sentimientos antidemocráticos por parte de un segmento de población que, a pesar de ser anecdótico en su número, hacen mucho ruido y obtienen un reflejo en los medios que por su carácter deberían obtener pero en la página de sucesos, aparte de requerir un estudio de si esas actitudes son calificables dentro de figuras punibles en la legislación. No sé si será por abanderarse de “socialismo” (como los nazis) o porqué pero el caso es que la reacción ante estos grupúsculos siempre es laxa, permisiva.
Espero que no se repita en poco tiempo lo que ya queremos – y hemos votado por ello – derrotado en las urnas en otras comunidades. Los políticos actuales tienen la palabra. Porque una manifestación anti-bilingüismo es una manifestación en contra de las diferencias, de la libertad de elección, un intento de conseguir una uniformidad excluyente, elementos todos alejados de la democracia.
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Independientemente de la explicación que da el mismo Gorka Maneiro en su blog, o que otros han publicado, en el que expresa básicamente que no puede dar su voto en sentido positivo o negativo si no se le ha convocado para saber cual va a ser la política que llevará a cabo la nueva presidencia del Parlamento Vasco, Arantza Quiroga, creo que – bajo mi punto de vista – es una decisión coherente.

Y digo esto porque un voto en blanco, a diferencia de lo que la COPE y algunas otras voces discordantes piensan, no es un voto en contra del constitucionalismo, sino mas bien una llamada de atención para que tanto el Partido Popular Vasco y el PSE se posicionen y expliquen a UPyD del País Vasco cual va a ser la política que van a llevar a cabo en Euskadi, cosa que no han hecho todavía al no haber convocado al representante de UPyD para explicarle las líneas maestras de este cambio tan deseado.
Y es que no se puede dar un voto positivo o negativo a lo que no se conoce, a lo que se ha hurtado a UPyD, a una suposición. Es que ¿tanto costaba convocar a Gorka y mostrarle cuales son las políticas que va a llevar adelante el gobierno de coalición PP-PSE?.
Y no, no lo considero una pataleta por el hecho de no convocarle, que ya es grave, sino por el asunto mollar de no haberle convocado: no mostrar las cartas de qué es lo que van a hacer, de si va a haber un cambio de verdad en la política en el País Vasco o solo continuidad con cambios de sillón. Por eso me parece coherente que no se vote a favor de algo que no se conoce, que no se ha informado a quien se le pide el voto.
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Las encuestas dicen que cualquier cosa puede pasar en Galicia y Euskadi. Es decir, que Ibarretxe puede seguir gobernando y Touriño también. Pero puede que no, que Patxi López sea Lehendakari y Núñez Feijóo presida la Xunta. La democracia, cuando se deja acompañar de una dosis de inquietud y recelo resulta apasionante. No hay cosa más sacrificada que el voto previsible. Y no es que uno piense que los españoles hemos modernizado el voto y la forma de ejercer un derecho así, pero convendrán en que no hay circunstancia más angustiosa que saber de antemano lo que de las urnas va a salir.
Gallegos y vascos envían mensajes de libertad lejos del voto acomplejado. Esos que hoy no saben lo que van a votar son los que van a decidir el cambio. Cuando llegue ese momento, cuando empecemos a creernos que el voto cautivo es impropio de personas inteligentes, cuando estemos seguros de que la papeleta no es de los partidos, cuando nos creamos que somos actores de primer nivel y que nos traicionamos aferrados siempre a la misma opción, entonces estaremos haciendo un servicio a la democracia, tan desvaída y superflua en estos tiempos.
Los profesionales de la política se obstinan en separarnos en izquierdas y derechas, como si unos y otros no zarandearan con provecho a aquellos que les votan y apoyan. Es tanta la gente que vota sin saberlo, o sabiéndolo, en contra de sus intereses que se lo debería mirar, como se dice ahora. La UPyD de Rosa Díez es opción digna y decente es estos tiempos. Es también necesaria. Y urge desmentir a aquellos que hacen cábalas sobre si quita más votos a Rajoy que a Zapatero. Pero, ¿de quién son los votos? La misma pregunta resulta ofensiva. Rosa Díez merece estar en el parlamento vasco porque su presencia allí enviará un mensaje claro, y rotundo a toda España sobre lo que puede hacer. Si consigue escaño, si ese escaño es determinante para configurar una mayoría que acabe con el régimen del PNV, Rosa Díez deberá pensar que su partido se ha hecho mayor en sólo un año. Semejante forma de crecer tiene sus riesgos, pero su mera observancia ya resulta apasionante.
Que Rosa Díez haya llegado hasta aquí tiene mérito. Y sobre todo, resulta gratificante comprobar como se abre camino una idea que, hasta hace un año, descansaba en el sueño de la razón. Espero contárselo el próximo lunes.
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