UPyD podría decidir el signo del gobierno

En el pasado barómetro del CIS, fechado en octubre, Rosa Díez obtenía una puntuación personal de 4.08, tan solo por detrás de Rodríguez Zapatero, con 4.11 puntos. Rajoy quedaba en cuarto lugar, con 3,68, por detrás de Duran Lleida.

La estimación de voto (fruto de la ‘cocina’ del organismo) otorgaba el 41% al PP, el 37,7% al PSOE y el 3,7% a UPyD. Izquierda Unida alcanzaba el 4,7%. En voto directo (es decir, sin ‘cocina’), el PP lograba el 25,7%, el PSOE el 23,2%, UPyD el 3,6% e IU el 3,5%.

Los grandes salen perjudicados

Quiere decirse, pues, que UPyD es ya o está a punto de convertirse en la tercera fuerza estatal, con una particularidad: en tanto IU es una formación contigua al PSOE por la izquierda, UPyD ocupa una posición central, por lo que en algún grado resta representación a los dos grandes partidos a la vez (no está resuelta la cuestión de cuál de los dos grandes partidos sale más perjudicado). Y puede darse perfectamente el caso de que, de continuar las actuales tendencias, UPyD pueda decidir en determinadas instituciones el signo del Gobierno.

En concreto, los dos grandes partidos poseen hoy encuestas reservadas que prevén que tal cosa puede ocurrir en la Comunidad de Madrid, donde el PP habría perdido ya la mayoría absoluta sin que el tándem IU-PSOE pudiera aprovecharse de ello ya que la inclinación final dependerá de UPyD.

La crisis y la corrupción

La posición del partido-bisagra de Rosa Díez es envidiable dados el deterioro de la situación política, el desgaste de los partidos -el PSOE por la crisis; el PP por la corrupción- y la creciente desafección de los ciudadanos con respecto a los dos grandes grupos. En el referido sondeo del CIS, a la pregunta de a qué partido se siente más cercano, el 46,7% de los encuestados respondió que a ninguno de ellos, porcentaje abultado que pone de manifiesto el descrédito de la política tradicional.

La evolución espontánea de los acontecimientos favorece, en suma, a UPyD, pero es muy conveniente que los electores tomen conciencia de sus decisiones. Porque es patente que, salvo una evolución poco probable de las preferencias a corto plazo, UPyD no gobernará en ninguna de las grandes instituciones aunque sí podrá atribuir a unos o a otros la gobernación. En consecuencia, lo lógico sería que los electores exigieran una previa definición a UPyD. De otro modo, se le estaría concediendo al partido-bisagra un poder exorbitante, que también desfiguraría el proceso democrático.

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